Apoyo contra el cierre del Bar Marsella

Conversando con José Lamiel en la entrada del Marsella

El 28 de febrero se creó en Facebook el evento del Tancament bar Marsella. Minuto a minuto empezó a apuntarse gente, solidarizada con la causa. También lo hizo el fotógrafo Jordi Oliver, compartiendo unas célebres fotos que hizo en los noventa en el Marsella, cuando este bar llegó a programar unas noches de cabaret que tuvieron muy buena acogida.

Eran los jueves y domingos. Y la música que acompañaba a los artistas, travestis y showmans era de radiocassette”, recuerda sonriendo José Lamiel, propietario del Marsella.

Acompañando a las fotos, Jordi Oliver comenta “El Bar Marsella situado en el Raval fue mi escuela de fotografía y de la vida, sus personajes de barrio y sus espectáculos sirvieron para mucho… ahora nos lo quieren cerrar, en una demostración más de que lo autentico molesta…”

El Marsella y otros tantos bares o comercios centenarios de la ciudad, deberían considerarse patrimonio cultural de la ciudad y gozar de sobreprotección ante posibles derrumbes o compraventas.

El muro del evento en facebook del Tancament bar Marsella ha ido recogiendo más muestras de cariño y apoyo, así como también una petición de recogida de firmas para que se paralice su cierre.

No bastan más argumentos: “Porque el Bar Marsella, con dos siglos de existencia, forma parte de la memoria colectiva de muchos barceloneses y debe considerarse patrimonio cultural de la ciudad.”

El desgaste del mobiliario y espejos contrasta con el espíritu vivo y enérgico de la clientela.

Y es que se trata de un bar entrañable con muchos elementos singulares que lo hacen único. Por una parte su estética y dimensiones: un bar de techos altos y con mobiliario centenario que, a pesar de la pintura desconchada, alguna mesa de mármol partida y espejos desgastados, imprime elegancia. La absenta, bebida estrella del Marsella, y uno de sus principales reclamos, hace que la clientela sea de lo más variopinta: turistas, residentes y vecinos de barrio.

La amplia barra y la absenta, su bebida estrella.

Si para los asiduos y vecinos ya es un golpe duro el posible cierre del bar Marsella, más lo es aún para el propietario José Lamiel, puesto que para él es, a su vez, una realidad fruto del esfuerzo familiar.

A pesar de que el bar ya existía, su abuelo trabajó en él, siendo ésta entonces la tercera generación.

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Un cierto halo de esperanza con el futuro del Marsella.

¿Qué pasará con el Marsella? Es todo un misterio y hay un cierto halo de esperanza en torno a la movilización que se está produciendo. Lo que sí se sabe hasta la fecha es que los propietarios de la finca, después de años de alquiler, han puesto el inmueble a la venta y que la especulación ha hecho que el precio final se escape de las manos de José. A pesar de que, de no ser por su esfuerzo y cariño, la finca quizás no valdría ni la mitad de lo que estarán pidiendo por ella.

Para saber más:

  • Permanyer, Ll. ( 2005, 4 de enero). Cafés con poso. La Vanguardia, suplemento Vivir.  p. 23.

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